Vigésimo Quinto (25th) Domingo del Tiempo Ordinario Año B homilía

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy nos reunimos para reflexionar sobre el Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Al profundizar en las Escrituras, abramos nuestro corazón a la sabiduría que ofrecen, procurando crecer en la fe y el amor.

En el Evangelio de hoy, Jesús enseña a sus discípulos sobre la verdadera grandeza. Habían estado debatiendo entre ellos: ¿quién sería el más grande? ¿Quién se sentaría a su diestra? Su enfoque estaba en el estatus, el poder y el reconocimiento. Pero Jesús redirige su atención. Pone a un niño en medio de ellos y dice: “El que recibe a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe”. En este simple acto, Jesús revela el corazón de la grandeza. El corazón de la grandeza es la humildad y el servicio. Jesús redefine la grandeza. No se trata de poder, prestigio o autopromoción. Se trata de un servicio desinteresado. El que sirve humildemente a los demás, como un niño, tiene la verdadera grandeza a los ojos de Dios.

Fe infantil: Los niños son confiados, dependientes y abiertos. Jesús nos invita a acercarnos a Él con la fe de un niño, confiados, vulnerables y dispuestos a recibir Su amor.

Si queremos recibir a Jesús en nuestras vidas, tenemos que ser como niños. Dijo: “Tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, y rodeándolo con sus brazos, les dijo: El que recibe a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me envió”.

Jesús nos dio una fórmula para recibirlo a Él y recibir a Dios. Él quiere que seamos como niños. En otras palabras, Jesús quiere enseñarnos que, en los niños hay características que nos hacen buenos cristianos.

Exploremos estas características y lo que significan para nosotros hoy.

  1. **Abrazando la confianza y la simplicidad:
    1. Los niños son sencillos por naturaleza y confían totalmente en sus padres. Del mismo modo, tenemos que acercarnos a Dios con confianza inquebrantable, sabiendo que Él es nuestro Padre amoroso y todopoderoso. OH DIOS, AYÚDAME A SER SENCILLO Y A CONFIAR SIEMPRE EN TI
    1. La fe infantil no significa ser ingenuo o ignorante. En cambio, se trata de acercarse a Dios con confianza, sencillez y humildad.
  2. **Apertura, enseñanza y asombro:
    1. Los niños están abiertos al asombro y al asombro. Ven el mundo con ojos nuevos, libres de cinismo o escepticismo.
    1. La fe infantil nos invita a acercarnos a Dios con apertura, a maravillarnos de Su creación, a aceptar Su amor y a ser enseñables. Ver la fe en Dios con ojos nuevos.
    1. 3 Oh Señor, ayúdame a estar abierto a tus enseñanzas. Ayúdame a verte con ojos nuevos.
  3. **Preguntar con confianza:
    1. Los niños siempre piden lo que necesitan sin dudarlo. Creen que sus padres proveerán.
    1. La fe infantil significa creer en las promesas de Dios y tener la confianza de pedirle cualquier cosa, sabiendo que Él nos escucha y desea darnos cosas buenas.
  4. **No pensar ni analizar demasiado:
    1. Los niños no piensan demasiado y no les molestan las preguntas “¿por qué” y “¿cómo? Siempre aceptan las cosas con un corazón sencillo. X3 OH SEÑOR, AYÚDAME A ACEPTAR LAS COSAS CON UN CORAZÓN SENCILLO
    1. Del mismo modo, la fe infantil no exige explicaciones exhaustivas. Acepta el amor y la soberanía de Dios con los brazos abiertos.
  5. Creciendo en madurez:
    1. Si bien la fe infantil es esencial, también estamos llamados a crecer en madurez. Como dice Pablo, ya no debemos ser infantes espirituales, sino crecer en todas las cosas para ser Cristo (Efesios 4:13-15).
    1. Por lo tanto, la fe infantil no significa permanecer estancado; es la base sobre la cual construimos una comprensión y una relación más profundas con Dios.

El evangelio de hoy nos enseña La virtud de la humildad:  La humildad no es debilidad, es fuerza bajo control. Es reconocer nuestra dependencia de Dios y nuestra interconexión con los demás. Como un niño, debemos acercarnos a Dios con confianza, sencillez y apertura. La humildad nos permite recibir la gracia y reconocer la dignidad de cada persona, independientemente de su condición o edad.

En nuestra segunda lectura, Santiago advierte contra los peligros de la envidia y la ambición egoísta. La envidia perturba las relaciones, engendra desorden y conduce al pecado. Cuando nos comparamos con los demás, buscando superarlos o obtener una ventaja, perdemos de vista nuestro verdadero propósito. La envidia nos ciega a la belleza de servir a los demás y abrazar nuestra propia pequeñez.

James identifica la causa raíz de los conflictos: los deseos dentro de nosotros que luchan unos contra otros. Queremos cosas para nosotros mismos, pero a menudo con motivos equivocados.

Lección: Examina tu corazón. ¿Están tus deseos alineados con la voluntad de Dios? Busca contentamiento y pídele a Dios lo que necesitas con motivos puros.

Acercándose a Dios (Santiago 4:7-10):

Santiago nos anima a someternos a Dios, a resistir al diablo y a acercarnos a Él. Cuando nos humillamos, Dios nos levanta.

Lección: Cultiva la humildad. Reconoce tu dependencia de Dios. Arrepiéntete de la soberbia y el egoísmo. Busca la intimidad con Dios a través de la oración y la rendición.

Finalmente, a partir de las lecturas de hoy, ¿qué cosas prácticas deberíamos?

  1. Mire a su alrededor: ¿Quién necesita su atención hoy? ¿De quién son las cargas que puedes aligerar?
  1. Servir con alegría: Abordar las tareas con un corazón infantil. Encuentra alegría en las pequeñas cosas.
  2. Evite la comparación: La envidia nos roba la paz. En su lugar, celebra los éxitos de los demás.
  3. Ore por humildad: Pídale a Dios que moldee su corazón, haciéndolo más como el suyo.

Conclusión: Al celebrar esta Eucaristía, recordemos que los más grandes entre nosotros son los que sirven. Abracemos la humildad, reconociendo que la verdadera grandeza reside en el amor que se da a sí mismo. Que recibamos la fe infantil que abre nuestros corazones a la gracia de Dios y transforma nuestras vidas. Amén. Que Dios los bendiga a todos.

P. Stephen Kakande Sekayala C.S.Sp

error: Content is protected !!