24th Sunday. Homilia del XXIV Domingo Ordinario ciclo A

El poder del perdón

Queridos hermanos y hermanas en Cristo. El tema central de las lecturas de hoy es el perdón.

El perdón es una de las modalidades del amor. Una de sus más exigentes. Porque en la convivencia humana en general, y en las distintas formas de convivencia familiar o comunitaria, pueden surgir problemas, malentendidos, discusiones e incluso ofensas entre las personas. En este caso, un cristiano está llamado a la reconciliación. Y el camino de la reconciliación pasa por el reconocimiento del propio pecado y/o por el perdón al ofensor. San Pablo exhortaba a los cristianos al perdón mutuo, siendo Cristo la clave de este perdón: “como el Señor os perdonó, perdonas también ustedes” (Col 3,13).

De la misma forma que el amor tiene distintas dimensiones y alcances (amor entre los esposos, amor a los familiares, a los conocidos, a los compañeros de trabajo), y el amor cristiano alcanza dimensiones universales, pues no conoce límites, encontrando en el amor al enemigo, al que no se lo merece, su alcance más universal, también el perdón cristiano tiene distintas dimensiones y un alcance universal. El perdón no tiene límites. A Jesús le formulan una pregunta sobre los límites del perdón: ¿cuántas veces hay que perdonar? Pregunta muy lógica y muy humana. Jesús responde que, para sus seguidores, el perdón no tiene límites, puesto que hay que perdonar siempre y en toda circunstancia. No es fácil el perdón, como tampoco es fácil el amor. Pero hace feliz. El auténtico amor y el auténtico perdón son gratuitos. Por eso su alcance es universal. Lo que tiene precio es siempre limitado. Y lo más interesante: el perdón no es un favor que hacemos el ofensor, es un bien que nos hacemos a nosotros. El primer beneficiario del perdón es el que perdona.

En evangelio de hoy, vemos un rey que perdona incondicionalmente al que no puede pagarle de ninguna manera. Este rey debe atraer nuestra mirada. En él podemos ver al Dios que en Jesucristo se revela, un Dios que perdona sin condiciones, que acoge a los pecadores, Dios de misericordia y de bondad. Este Dios se revela en su Hijo Jesús, que en la cruz perdona a sus enemigos. Jesús, el verdadero rey (“rey de los judíos”), en la cruz, no solo perdona, sino que se convierte en el abogado defensor de sus asesinos: “perdónales, porque no saben lo que hacen”. La parábola de hoy nos invita a identificarnos con este sorprendente rey perdonador.

Hay un problema. No por parte del rey que perdona sin condiciones, sino por parte del destinatario del perdón. Porque el perdón, como el amor, necesitan ser acogidos, para producir su efecto transformador. ¿Y cuando son acogidos? Cuando se transmiten. El problema del siervo llamado inicuo es que no ha sabido acoger el perdón. La prueba está en que no lo transmite, no lo comparte. Por eso, en la oración de Jesús se nos recuerda que, para ser de verdad perdonados, para que el perdón nos cambie y produzca efectos transformadores, necesitamos perdonar nosotros también a los que nos ofenden. Al hacerlo nos identificamos con el Padre celestial. A él tenemos que mirar, a este rey de la parábola que lo representa, para identificarnos con él.

El tema de la liturgia de hoy es de una sorprendente actualidad. En nuestro mundo abundan expresiones de rechazo e intolerancia. Las denuncias por delitos de odio aumentan de año en año. Abundan los delitos de xenofobia, racismo y violencia doméstica. Desde las tribunas políticas se predica la intolerancia y se lanzan falsedades sobre colectivos no deseados (por ejemplo, los inmigrantes). Los cristianos estamos llamados a “ir contra corriente”, y a contrarrestar las olas de violencia e intolerancia con hechos y palabras de acogida, comprensión, misericordia y perdón.

¿Por qué necesitas perdonar?

1. El perdón es una llave que abre las bendiciones de Dios en nuestra vida.

2. No perdonar te costará tu bienestar –físico, emocional y espiritual. Al elegir no perdonar, nos encerramos en una prisión satánica. Entonces, perdonar es liberar a un prisionero y descubrir que ese prisionero eras tú.

3.El perdón es el mayor regalo que puedes darte a ti mismo

No importa cuál sea tu motivo para guardar rencor, te estás envenenando internamente. al final es lo que más te duele.

Cuando no perdonas, te llenas de ira, amargura y venganza. Por eso algunas enfermedades que sufrimos son el resultado de la falta de perdón.Enfermedades como las úlceras de estómago y la presión arterial a veces son causadas por la falta de perdón.

He aquí el gran secreto del perdón: te liberas y te liberas a ti mismo en el proceso. Perdonar a los demás te beneficia y te libera del dolor. Tu vida mejora dramáticamente cuando dejas ir el rencor. El perdón es sanador. Da libertad desde dentro. Beneficia más al ofendido que al infractor.

Incluso si no estás dispuesto a perdonar, establece la intención de perdonar y perdonar radicalmente.

5)    El perdón transforma el dolor en compasión.

6)   Perdonar para abrir los caminos para ser perdonados.

7) Perdona libera la efusión del Espíritu Santo. También libera el funcionamiento de los dones espirituales en ti.

Elige perdonar hoy.

Dejanos rezar

  • Señor Dios, gracias por amarme incondicionalmente.
  • Gracias por el regalo de Jesús que murió por mí para que mis pecados sean perdonados.
  • Nos pides que perdonemos a nuestros ofensores.
  • Dame la gracia de perdonar a todos los que me lastimaron.
  • Concédeme la curación que necesito de todas las heridas que he tenido.
  • Cambia mis hábitos para que pueda usar mi lengua para hablar esperanza y favor sobre mi vida y la vida de los demás.
  • Padre, por favor perdóname cuando permito que la ira y la amargura llenen mi corazón porque me niego a perdonar a alguien que me ha lastimado.
  • Enséñame a renunciar a mis derechos y elegir perdonar de la misma manera que Tú me has perdonado.
  • Libera mi corazón de cualquier amargura y rabia. Ayúdame también a perdonarme por los males que he hecho en mi vida.
  • Señor, hoy concédeme la gracia y el poder de perdonar totalmente a las siguientes personas que me lastimaron.……..Aquí menciona sus nombres.

Los perdono a todos en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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